LA EDUCACIÓN EN TIEMPOS DE LA MODERNIDAD
LIQUIDA.
POR: DIEGO LEANDRO RAMIREZ ROMERO
En
tiempos donde los avances tecnológicos, la globalización que nos ha convertido
en una aldea global y el crecimiento de los mercados mundiales Zygmunt Bauman,
nos propone su idea de modernidad liquida, modernidad que nos trae retos para
la educación de hoy.
Nos es
preciso poder definir en términos claros y concisos que es la modernidad
liquida, para ello debemos partir de las metáforas que nos plantea Bauman, que
no hace otra cosa que comparar con los estados de la materia, los tiempos
históricos que estamos viviendo y lo que han pasado.
Estas metáforas
nos llevan a usar términos como modernidad sólida, modernidad líquida e incluso
plantear una modernidad gaseosa.
Cuando
hablamos de la modernidad líquida, el señor Zygmunt mauman, nos habla que
estamos viviendo en tiempos de la historia donde todo es disperso, no tiene
forma, todo es fluido, cambiante, caótico, inestable e impredecible, así como
el agua cuando está en su estado líquido, mientras que cuando se refiere al
pasado nos habla de la modernidad sólida, un tiempo dentro del espacio mundial
en el que todo es ordenado, cohesionado, estable y predecible. Así mismo
incluso nos hace pensar en un futuro aún más sombrío llamándole modernidad
gaseosa donde todo en la sociedad es aún más disperso y sin forma determinada.
De
estas formas de la materia es que nos plantea la modernidad liquida, un momento
en la historia en la que se ha dado una caída, un derretimiento de las
instituciones sociales; instituciones como la familia, el Estado, la escuela,
han dejado de ser ese elemento catalizador del orden, que ahora en el presente estadio de la
historia humana, han dejado de funcionales dando paso a una sociedad libre de todo
norma moral que pone al individuo, la libertad de conciencia y el libre mercado como dogma superior de esta nueva sociedad,
teniendo como única norma y regla el consumo.
De
esta modernidad liquida, podemos subrayar
aspectos característicos, de los cambios
que se advierten respecto a la
modernidad sólida.
Uno de
estos cambios, Bauman señala, se ha dado
en cuanto al trabajo. Según el autor de la modernidad liquida,
actualmente el trabajo que nuestros padres y abuelos tenían se ha transformado.
De ese trabajo estable, continuo y hasta perpetuo que antiguamente se tenía,
donde los trabajadores sentían una seguridad laboral, en que se podía ascender,
hacer carrera en el puesto de trabajo, durar 30 años y hasta jubilarse, hoy se
tiene un trabajo inestable y temporal, en el que al individuo no le importa la
estabilidad, ni le interesa hacer carrera, al contrario prefiere la movilidad,
prefiere migar y concocer nuevas experiencias laborales, pero que además el
mercado laboral no ofrece estabilidad, al contrario la mayoría de las
actividades laborales, solo ofrece contratos temporales y efímeros, abriendo el
camino al trabajador de poder entrar y salir cuando quiera, lo que ha inducido
al emprendidurismo, la búsqueda del trabajo individual acompañada de la sombra
de la incertidumbre, donde muchos se enriquecen y otros quiebran en cuestión de
segundos.
Otros
de los cambios, se ha operado también a nivel económico, y es el consumo. Hoy
en día tenemos una sociedad del consumo, en que la flecha dorada de la economía
viene hacer el consumo desmedido de bienes, servicios, de experiencias y hasta
de individuos, donde el consumo se da como expresión de la individualidad.
Este
consumo exacerbado, ha hecho que la actual sociedad conceptualice al mundo
exterior como un gran supermercado, un lugar en el que donde todo es mercancía,
los sentimientos, las personas, las emociones, por lo que no es extraño
observar cuán poco duran los matrimonios, las amistades, las relaciones en
general.
La
vida como tal se vuelve en un axioma consumista, donde todos existen según su
grado de consumo, según cuanto han aportado a esa gran flecha del consumo y
este aporte es evidentemente visible, por la expresividad individual de las
marcas que se usa en el vestir, en el usar y hasta en el pensar. La vida misma
se ha convertido en una búsqueda incesable de placer donde todo se puede seguir consumiendo, nada puede
durar por que como en el consumo debes seguir consumiendo, la familia, el
trabajo, las personas.
Son
muchos otros lo aspectos en los que se puede observar el cambio hacia la
modernidad liquida, como la identidad, la migración y muchos otros de los que
no vamos a profundizar, pero que si los mencionamos, sin embargo ahora nos
queremos referir al efecto de esta modernidad liquida sobre una de las
instituciones pilar de la sociedad: la escuela.
En un
principio, apuntábamos que existen retos que esta modernidad liquida nos
plantea, retos educativos en los que es necesario realizar una mirada hacia la
escuela, una mirada hacia el docente y hacia el estudiante y como la modernidad
liquida ha creado una burbuja social a la cual o hay que adaptarse o por el
contrario romperla.
Los
factores que revisábamos como el trabajo, el consumo, la identidad o la
migración, ciertamente han cambiado en estos últimos 50 años, sus efectos en
todos los ámbitos sociales son visibles. Cambios en la familia, en las
legislaciones, en las concepciones tradicionales de democracia o comunicación.
Estos
cambios visibles también son vividos en la escuela, una institución que ha
consolidado un modelo de sociedad y que por supuesto significa un puntal
ideológico y cultural del estado nación moderna.
La
escuela actual se ha moldeado y forjado dentro de lo que Bauman llama la
modernidad solidad. Hay que recordar que el sistema educativo como tal
“sistema” ha surgido proveniente de la revolución industrial, revolución que
cambio las estructuras sociales y económicas, que para su expansión y consolidación
necesito de ejércitos de estudiantes que aprendan en la escuela lo que en la
fábrica se tenía que hacer: tener orden, hacer caso, formar, usar un uniforme,
sentarse en orden de jerarquía, ser calificado, etc.
Esa
escuela ayudó a la cimentación de la sociedad capitalista, sociedad que ha
impuesto al liberalismo y al individuo por sobre todo y todos y que ha servido
de instrumento ideológico y cultural de un determinado molde social que la
infraestructura (estructura económica), como diría la doctrina marxista, desea
para su sociedad.
Como
se podrá observar con una simple visita a cualquier escuela del nivel primario
y secundario, la escuela de mediados del siglo XIX, no ha cambiado, aún se
mantiene su esencia, su forma, su distribución, su método; la escuela no ha
cambiado. Existe un lema que dice: “Tenemos maestros del siglo XIX, enseñando
contenidos del siglo XX a estudiantes del silgo XXI”.
No
pretendemos hacer una crítica a la educación de hoy, al contrario siguiendo la
propuesta teórica de la modernidad liquida pretendemos identificar los cambios
de que se están operando dentro de esa nueva modernidad.
Retomemos
la idea que en la modernidad liquida, todo se ha sufrido una licuefacción, todo
ha perdido su sustento, su credibilidad, las instituciones que servían de
parante al individuo dentro su esfera social se han caído, todo el cimiento solido se ha convertido en
líquido y está mutando, está cambiando de forma y de sentido. La escuela y la
educación también están siendo afectadas por esta modernidad.
La
escuela como habíamos mencionado no ha cambiado, aún mantiene los moldes
surgidos de esa escuela taller industrial, sin embargo uno de los actores de la
escuela sí.
Los
estudiantes como individuos de esta nueva modernidad e influidos por los
cambios que se están operando, como el consumo, el trabajo, la identidad y
otros que ya explicamos, conciben a la escuela y la educación como algo que ya
no sirve, algo aburrido y falto de interés.
Este
cambio nos ofrece retos a los educadores, pues en la modernidad liquida, se
concibe a la educación y a la escuela
como algo abominable, como algo que es un gasto de tiempo, una actividad
sin placer que no satisface su ego individual y sus ansias de libertad concordante
con los anhelos de la modernidad actual.
En su
libro “Retos de la educación en tiempos de la modernidad liquida”, otro estudio
de Zygmund Bauman, nos cita que el estudiante, ha desarrollado lo que se
llama el síndrome de “Impaciencia”,
síndrome que hace que el estudiante se duerma , se sienta aburrido, que quiera
escapar de su círculo de amigos, de su clase y de los maestros. Este síndrome
considera que no importa cuánto aprendes sino lo que goces en ese tiempo, la
educación no es más un proceso es simplemente un fin.
El
proceso se ha descartado, no importa cuánto de información se acumula, no
importa lo que se aprende y par que se aprende, solo importa saber lo necesario
para aprobar un examen, aprobar la materia o aprobar el curso. Solo interesa el
fin, es la era del conocimiento de usar y tirar y no para toda la vida.
Esto
representa un verdadero reto para otro actor de la educación: el maestro. El
maestro que es el continuador y ejecutor del modelo educativo, modelo que aún
no ha comprendido los cambios de la sociedad y que no permite al maestro
efectuar cambios, porque la institución de la escuela no puede cambiar, aunque
el entorno social ya cambió y la educación ya no es pertinente en este actual
contexto de la modernidad liquida.
Si ese
contexto, la educación ya no representa el proceso y solo el fin, el maestro
deberá transformar el contexto, el aula y la escuela. El maestro deberá aprender
a leer el contexto, deberá entender que aunque la modernidad liquida nos trae
un sinfín de desafíos en la esfera ético – moral, las respuestas que dé
respecto a los retos deberán estar en sintonía de esos cambios sociales.
La
educación deberá partir de las premisas de lo efímero, de lo cambiante, deberá
entender que hay nuevas problemáticas como el síndrome de la impaciencia,
deberán entender que las transformación en cuanto a la identidad, las
relaciones, el trabajo y la vida como una expresión de consumo han trasformado
las estructuras sociales, y que esas trasformaciones independientemente delos
intentos del estado nación por frenarla, están operando a un nivel globalizador
y supra estatal.
Finalmente
mencionar que es preciso entender que existen varias realidades en el exterior de
nuestros muros mentales, que como en el mito de la caverna, la realidad no es
lo que se nos muestra sino que la está más allá de nuestras propias celdas y que solo serán
visible si pagamos el precio de escapar en busca de las realidades, así como la
que nos plantea Zygmun Bauman.