sábado, 15 de agosto de 2020

LA EDUCACIÓN EN TIEMPOS DE LA MODERNIDAD LIQUIDA.

 

LA EDUCACIÓN EN TIEMPOS DE LA MODERNIDAD LIQUIDA.

POR: DIEGO LEANDRO RAMIREZ ROMERO

En tiempos donde los avances tecnológicos, la globalización que nos ha convertido en una aldea global y el crecimiento de los mercados mundiales Zygmunt Bauman, nos propone su idea de modernidad liquida, modernidad que nos trae retos para la educación de hoy.

Nos es preciso poder definir en términos claros y concisos que es la modernidad liquida, para ello debemos partir de las metáforas que nos plantea Bauman, que no hace otra cosa que comparar con los estados de la materia, los tiempos históricos que estamos viviendo y lo que han pasado.

Estas metáforas nos llevan a usar términos como modernidad sólida, modernidad líquida e incluso plantear una modernidad gaseosa.

Cuando hablamos de la modernidad líquida, el señor Zygmunt mauman, nos habla que estamos viviendo en tiempos de la historia donde todo es disperso, no tiene forma, todo es fluido, cambiante, caótico, inestable e impredecible, así como el agua cuando está en su estado líquido, mientras que cuando se refiere al pasado nos habla de la modernidad sólida, un tiempo dentro del espacio mundial en el que todo es ordenado, cohesionado, estable y predecible. Así mismo incluso nos hace pensar en un futuro aún más sombrío llamándole modernidad gaseosa donde todo en la sociedad es aún más disperso y sin forma determinada.

De estas formas de la materia es que nos plantea la modernidad liquida, un momento en la historia en la que se ha dado una caída, un derretimiento de las instituciones sociales; instituciones como la familia, el Estado, la escuela, han dejado de ser ese elemento catalizador del orden,  que ahora en el presente estadio de la historia humana, han dejado de funcionales dando paso a una sociedad libre de todo norma moral que pone al individuo, la libertad de conciencia y el  libre mercado  como dogma superior de esta nueva sociedad, teniendo como única norma y regla el consumo.

De esta modernidad liquida, podemos subrayar  aspectos característicos,  de los cambios que se advierten  respecto a la modernidad sólida.

Uno de estos cambios, Bauman señala, se ha dado  en cuanto al trabajo. Según el autor de la modernidad liquida, actualmente el trabajo que nuestros padres y abuelos tenían se ha transformado. De ese trabajo estable, continuo y hasta perpetuo que antiguamente se tenía, donde los trabajadores sentían una seguridad laboral, en que se podía ascender, hacer carrera en el puesto de trabajo, durar 30 años y hasta jubilarse, hoy se tiene un trabajo inestable y temporal, en el que al individuo no le importa la estabilidad, ni le interesa hacer carrera, al contrario prefiere la movilidad, prefiere migar y concocer nuevas experiencias laborales, pero que además el mercado laboral no ofrece estabilidad, al contrario la mayoría de las actividades laborales, solo ofrece contratos temporales y efímeros, abriendo el camino al trabajador de poder entrar y salir cuando quiera, lo que ha inducido al emprendidurismo, la búsqueda del trabajo individual acompañada de la sombra de la incertidumbre, donde muchos se enriquecen y otros quiebran en cuestión de segundos.

Otros de los cambios, se ha operado también a nivel económico, y es el consumo. Hoy en día tenemos una sociedad del consumo, en que la flecha dorada de la economía viene hacer el consumo desmedido de bienes, servicios, de experiencias y hasta de individuos, donde el consumo se da como expresión de la individualidad.

Este consumo exacerbado, ha hecho que la actual sociedad conceptualice al mundo exterior como un gran supermercado, un lugar en el que donde todo es mercancía, los sentimientos, las personas, las emociones, por lo que no es extraño observar cuán poco duran los matrimonios, las amistades, las relaciones en general.

La vida como tal se vuelve en un axioma consumista, donde todos existen según su grado de consumo, según cuanto han aportado a esa gran flecha del consumo y este aporte es evidentemente visible, por la expresividad individual de las marcas que se usa en el vestir, en el usar y hasta en el pensar. La vida misma se ha convertido en una búsqueda incesable de placer donde  todo se puede seguir consumiendo, nada puede durar por que como en el consumo debes seguir consumiendo, la familia, el trabajo, las personas.

Son muchos otros lo aspectos en los que se puede observar el cambio hacia la modernidad liquida, como la identidad, la migración y muchos otros de los que no vamos a profundizar, pero que si los mencionamos, sin embargo ahora nos queremos referir al efecto de esta modernidad liquida sobre una de las instituciones pilar de la sociedad: la escuela.

En un principio, apuntábamos que existen retos que esta modernidad liquida nos plantea, retos educativos en los que es necesario realizar una mirada hacia la escuela, una mirada hacia el docente y hacia el estudiante y como la modernidad liquida ha creado una burbuja social a la cual o hay que adaptarse o por el contrario romperla.

Los factores que revisábamos como el trabajo, el consumo, la identidad o la migración, ciertamente han cambiado en estos últimos 50 años, sus efectos en todos los ámbitos sociales son visibles. Cambios en la familia, en las legislaciones, en las concepciones tradicionales de democracia o comunicación.

Estos cambios visibles también son vividos en la escuela, una institución que ha consolidado un modelo de sociedad y que por supuesto significa un puntal ideológico y cultural del estado nación moderna.

La escuela actual se ha moldeado y forjado dentro de lo que Bauman llama la modernidad solidad. Hay que recordar que el sistema educativo como tal “sistema” ha surgido proveniente de la revolución industrial, revolución que cambio las estructuras sociales y económicas, que para su expansión y consolidación necesito de ejércitos de estudiantes que aprendan en la escuela lo que en la fábrica se tenía que hacer: tener orden, hacer caso, formar, usar un uniforme, sentarse en orden de jerarquía, ser calificado, etc.

Esa escuela ayudó a la cimentación de la sociedad capitalista, sociedad que ha impuesto al liberalismo y al individuo por sobre todo y todos y que ha servido de instrumento ideológico y cultural de un determinado molde social que la infraestructura (estructura económica), como diría la doctrina marxista, desea para su sociedad.

Como se podrá observar con una simple visita a cualquier escuela del nivel primario y secundario, la escuela de mediados del siglo XIX, no ha cambiado, aún se mantiene su esencia, su forma, su distribución, su método; la escuela no ha cambiado. Existe un lema que dice: “Tenemos maestros del siglo XIX, enseñando contenidos del siglo XX a estudiantes del silgo XXI”.

No pretendemos hacer una crítica a la educación de hoy, al contrario siguiendo la propuesta teórica de la modernidad liquida pretendemos identificar los cambios de que se están operando dentro de esa nueva modernidad.

Retomemos la idea que en la modernidad liquida, todo se ha sufrido una licuefacción, todo ha perdido su sustento, su credibilidad, las instituciones que servían de parante al individuo dentro su esfera social se han caído,   todo el cimiento solido se ha convertido en líquido y está mutando, está cambiando de forma y de sentido. La escuela y la educación también están siendo afectadas por esta modernidad.

La escuela como habíamos mencionado no ha cambiado, aún mantiene los moldes surgidos de esa escuela taller industrial, sin embargo uno de los actores de la escuela  sí.

Los estudiantes como individuos de esta nueva modernidad e influidos por los cambios que se están operando, como el consumo, el trabajo, la identidad y otros que ya explicamos, conciben a la escuela y la educación como algo que ya no sirve, algo aburrido y falto de interés.

Este cambio nos ofrece retos a los educadores, pues en la modernidad liquida, se concibe a la educación y a la escuela  como algo abominable, como algo que es un gasto de tiempo, una actividad sin placer que no satisface su ego individual y sus ansias de libertad concordante con los anhelos de la modernidad actual.

En su libro “Retos de la educación en tiempos de la modernidad liquida”, otro estudio de Zygmund Bauman, nos cita que el estudiante, ha desarrollado lo que se llama  el síndrome de “Impaciencia”, síndrome que hace que el estudiante se duerma , se sienta aburrido, que quiera escapar de su círculo de amigos, de su clase y de los maestros. Este síndrome considera que no importa cuánto aprendes sino lo que goces en ese tiempo, la educación no es más un proceso es simplemente un fin.

El proceso se ha descartado, no importa cuánto de información se acumula, no importa lo que se aprende y par que se aprende, solo importa saber lo necesario para aprobar un examen, aprobar la materia o aprobar el curso. Solo interesa el fin, es la era del conocimiento de usar y tirar y no para toda la vida.

Esto representa un verdadero reto para otro actor de la educación: el maestro. El maestro que es el continuador y ejecutor del modelo educativo, modelo que aún no ha comprendido los cambios de la sociedad y que no permite al maestro efectuar cambios, porque la institución de la escuela no puede cambiar, aunque el entorno social ya cambió y la educación ya no es pertinente en este actual contexto de la modernidad liquida.

Si ese contexto, la educación ya no representa el proceso y solo el fin, el maestro deberá transformar el contexto, el aula y la escuela. El maestro deberá aprender a leer el contexto, deberá entender que aunque la modernidad liquida nos trae un sinfín de desafíos en la esfera ético – moral, las respuestas que dé respecto a los retos deberán estar en sintonía de esos cambios sociales.

La educación deberá partir de las premisas de lo efímero, de lo cambiante, deberá entender que hay nuevas problemáticas como el síndrome de la impaciencia, deberán entender que las transformación en cuanto a la identidad, las relaciones, el trabajo y la vida como una expresión de consumo han trasformado las estructuras sociales, y que esas trasformaciones independientemente delos intentos del estado nación por frenarla, están operando a un nivel globalizador y supra estatal.

Finalmente mencionar que es preciso entender que existen varias realidades en el exterior de nuestros muros mentales, que como en el mito de la caverna, la realidad no es lo que se nos muestra sino que la está más allá de  nuestras propias celdas y que solo serán visible si pagamos el precio de escapar en busca de las realidades, así como la que nos plantea Zygmun Bauman.